Posteado por: administrador | junio 13, 2007

El rebaño desconcertado

Hoy leía unos documentos relacionados con Walter Lippmann, el decano de los periodistas americanos a principios del siglo XX. Como ser espabilado y miembro de una clase de intelectuales supuestamente elegidos para dirigir a las masas, Lippamnn respaldaba una teoría bastante elaborada sobre la “democracia progesiva”. Venía a decir que para que una democracia funcione bien tienen que existir distintas clases de ciudadanos. Los primeros son aquellos que asumen papeles activos en cuestiones relativas al gobierno y a la administración; la llamada clase especializada; los políticos. Los demás, el grupo más representativo de la población, la mayoría, sería lo que el periodista llamó “el rebaño desconcertado”.Es decir, mientras los primeros piensan, entienden y planifican intereses comunes, los segundos son meros espectadores. Éstos tienen el honor, según Lippmann, de liberase de ciertas cargas elegiendo, cada cuatro años, a un miembro de la clase especializada para que sea el líder. Claro que una vez pasado el testigo lo que esperan de mí, de todos nosotros, es que nos apoltronemos, nos convirtamos en espectadores de la acción y no en participantes. Decía Lippmann que “esto es lo que ocurre en una democracia como Dios manda”.

En fin, el experto, que perteneció a la Comisión Creel, encargada de engañar a un pueblo medianamente bélico, como el norteamericamo a principios del s.XX, para convertirlo en un pueblo peligrosamente bélico que entró, de aquella manera, engañado, en la I Guerra Mundial, tenía tan clara la fuerza de los espectadores, el rebaño desconcertado, que predijo con una sentencia el poder que tiene el pueblo: “hemos de protegernos de este rebaño desconcertado cuando brama y pisotea”.

La teoría de Lippmann contrasta radicalmente con la de Habermas, quien abogaba años más tarde por la democracia participativa; los contrastes entre ambas teorías están claros y mientras el primero pensaba que los ciudadanos éramos un rebaño al que había que dirigir, el alemán dejaba claro el firme compromiso con la ciudadanía cuya participación efectiva creará gobiernos más comprensibles con las necesidades e inquietudes de sus ciudadanos. Claro que mientras el ciudadano de Lippmann era potencialmente peligroso si se enfadaba, el de Habermas tiende a ser un ciudadano comprensible dentro de una sociedad supuestamente buena. Dos formas muy diferentes de encarar la política para la que queda, hoy en día, poco margen de maniobra; desgracidamente muchos políticos, sin saberlo, acogen las tesis de Lippmann como si fueran propias.

Por Francisco Roldán

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Responses

  1. El rebaño desconcertado

    Los yanquis han sabido discriminar entre la clase política y los demás, a los que nos llaman el "rebaño desconcertado". Peligrosos cuando rumiamos y nos desbocamos.


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